Un relato surrealista, tal vez necesario. Un poema de Eduardo Escalante

Un relato surrealista, tal vez necesario. Un poema de Eduardo Escalante

Me gusta escoger una historia. Acá en la tierra y los satélites en sus órbitas,  compartimos las mismas contraseñas en busca de un destino con un espectro de vigilancia, seguridad y protección. Desde arriba se escudriñan recónditos lugares en su transparencia como una película vítrea. Como pájaros circunvalan, no registran espíritus en oración. Nos permiten vivir mejor, aunque no sabemos cuánto duraremos. Hoy orbita una nave espacial, alguien la vigila desde un monte sagrado, quiere leer las ondulaciones invisibles. Pero los misterios tienen otra geometría. En el pasado se adoraba a Marte, Júpiter, y todas las lunas en busca de una explicación. Aún no había registro en el brillo de la pantalla. Lo humano oscilando entre el pasado y el presente tratando de descifrar si es posible la eternidad. En caída libre, el cielo inquieto por la dirección de un pulgar. Alguien clama: acógeme, acógeme, acógeme, no quiero ser destruido por una flecha insana. Quiero que evangelicen mis labios. Firmaré los párrafos y las páginas. Lejos de eso que llamamos infierno. Ni siquiera los rumores de muerte deben pasar por los labios del miedo. Más el álgebra de los pecados inunda el aire. Operemos en tiempo real. Hagamos que cada uno se sienta bienvenido a sí mismo y elija su historia. (susurro: vuélvete, vuélvete viral). La bandera desteñida del daño sucumbirá en el inframundo, mientras órbita caótica y sin brillos, pixel a pixel oscila entre los significados de la violencia, ya sean míticos simbólicos o coloniales [siempre alguien sobra], debería ser más como Antígona y desenterrar los huesos que nos pertenecen a pesar de las protestas de la ley. Hombres silenciosos, oscurecidos por dentro permanecen agazapados; sus diálogos diabólicos  continuarán degradando toda verdad.  Su guion apocalíptico es una versión comic de la Divina Comedia, un círculo le es suficiente.  Debemos lidiar con cosas equivocadas hechas tan bien. Pero Hawking dijo que incluso los agujeros negros no son completamente negros. Un orificio de luz aguarda. El creciente denso, recolector de oscuridad, de pie parte. Conectados a 5G, intentando rescatar la gravedad de los espacios seguros y un cenit limpio, aunque el concierto público es pálido. Se ha cortado el horizonte, hemos olvidado la magia. El mundo no puede esperar. Soñar en grande. Sumergirse en el peregrinaje puro de la luz de cuerpo presente, y no como una ilusión virtual. Con los hombros estirados, los brazos sobre el aire, los dedos afilados, delicados como llamas de plumas, las manos alucinadas llamando al Oyente perdido que se inclina ante el silencio de las formas.  El misterio de la conquista sobre la muerte es el derecho de todos los mesías. La tierra habita en el mismo lugar del cielo.

Autor

Eduardo Escalante

Chileno. Licenciado en Lingüística y Literatura, Universidad de Chile. Magister en Ciencias Sociales, Universidad de Gales, Gran Bretaña. Es escritor e investigador (Universidad Juan Agustín Maza y en la Fundación Universitas, Mendoza, Argentina). Ha publicado diversos artículos científicos en revistas con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España, también varios libros sobre investigación y estadística en Chile y Argentina. Ha sido incorporado a los sitios Arte Poética, Proyecto patrimonio cultural, escritores y poetas en español, Letras de Chile que han publicado varios de sus poemas. Ha escrito cientos de poemas inéditos. Revistas de Argentina, Dinamarca, España han publicado algunos de sus poemas. Publicó en Amazon: “Caminando la existencia con la voz”.

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