Los chalecos amarillos, AMLO y la élite mexicana

Los chalecos amarillos, AMLO y la élite mexicana

Es innegable que los países tocados por el neoliberalismo, con o sin razón, tienen una enorme frustración colectiva. Sólo hay que revisar la negociación del Brexit, al fenómeno Trump o voltear a ver al movimiento de los “gilets jaunes” (chalecos amarillos) que se desarrolla en Francia para darnos cuenta que los obreros y las clases medias en grandes regiones del mundo están más que enojadas con sus respectivas clases gobernantes. El malestar mexicano hasta antes de las pasadas elecciones de julio no era la excepción, y aunque los sectores conservadores mexicanos temen y hasta aborrecen a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), si las revueltas francesas – que ya han contagiado a más de un país europeo- llegan a Latinoamérica, el conservadurismo mexicano cambiará de parecer y estará complacido con la llegada de un populista moderado que llegó a bajarle la calentura a un pueblo mexicano frustrado y enojado por 36 años de neoliberalismo.

El fundamentalismo de mercado promovido por la ideología neoliberal empobrece a las mayorías y está destruyendo al planeta y arrasando en todas las sociedades con tejido social, clases medias, el futuro de los jóvenes y un largo etcétera. Un buen ejemplo del empobrecimiento masivo lo podemos ver en los EE.UU., donde hace 50 años un CEO ganaba en un día trabajado el equivalente a 20 días laborados por un obrero, en la actualidad esa relación ha cambiado y un CEO gana en un día el equivalente al sueldo de un año de trabajo realizado por un obrero. En la vorágine del día a día las clases trabajadoras no tienen tiempo de analizar las problemáticas sociales; no obstante, poco a poco se dan cuenta del deterioro en la calidad de sus vidas. Tal es el caso del pueblo francés que harto de sacrificios se ha volcado a las calles a protestar de maneras inimaginables: incendiando y destruyendo lo que encuentra a su paso. Curiosamente, según la revista The Economist (Diciembre 8-14, 2018) el 75% de los franceses respalda las impresionantes revueltas callejeras.

Si un país con el civismo y nivel de vida de Francia no está pudiendo contener los levantamientos de su población, no quiero imaginar cómo se puede poner la cosa si el fenómeno de los chalecos amarillos llega a Latinoamérica, ya que en casi todos lados hay un enorme malestar y rencor provocado por las medidas económicas recomendadas (léase impuestas) por instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM) que han generado concentración de la riqueza en muy pocas manos.

AMLO Y LA ELITE

México es de los pocos países latinoamericanos en los que el neoliberalismo operó ininterrumpidamente desde los 80 hasta el arribo de AMLO al poder. El salario mínimo mexicano es uno de los más bajos de la región (Uruguay, por ejemplo, tiene un salario mínimo tres veces mayor) y el crecimiento económico durante tres décadas y media ha tenido uno de los peores desempeños continentales. Medio país está sumido en la pobreza, si un desborde emocional colectivo como el que sucede actualmente en Francia pasara en México ¿creen que el pueblo se autocontendría o, aprovechando la inercia, se seguiría con todo a hacerse justicia en mano propia?

AMLO está sirviendo como válvula de escape del enojo mexicano, el rompimiento con el pasado que recién se hizo – bueno o no – ha bajado la emoción negativa que el pueblo sentía contra la clase gobernante y, en la presente coyuntura mundial donde la violencia es cada vez más intensa, su llegada ha caído como lluvia en pasto seco y eso seguramente ayudará a la gobernabilidad del país. El arribo de un populista antineoliberal puede irónicamente ser lo mejor que le pudo suceder a la élite mexicana.

 

 

Categorías: Actualidad

Autor

Francisco Carillo

Tengo estudios de licenciatura y maestría en Estados Unidos y México. Mi formación académica y mi experiencia profesional son eclécticas: Administración de Empresas, Mercadotecnia, Economía Política Internacional así como algunos estudios sobre la evolución trascendental de la conciencia del ser humano. En el plano profesional fui dueño y director de una casa editorial por 8 años y trabajé durante varios años para 2 gigantes multinacionales (Nissho Iwai Corporation y Walmart). He dirigido 2 ONG y en el 2003 busqué la nominación de una candidatura para el partido Fuerza Ciudadana; ese mismo año trabajé en la campaña de los candidatos priístas del Estado de Guerrero. Llevo 20 años trabajado directamente en publicidad para medios impresos, TV e internet como ZGS/Telemundo, Expansión y Forbes LatAm. En resumen: soy un aprendiz de todo y maestro de nada que disfruta la polémica y el evidenciar, en la medida de mis posibilidades, las grandes inconsistencias e injusticias de este mundo que parece caerse a pedazos.