Dilemas familiares: ¿exigentes o perfeccionistas con los estudios de nuestros hijos?

Dilemas familiares: ¿exigentes o perfeccionistas con los estudios de nuestros hijos?

Leía en estos días en el Wall Street Journal, un artículo sobre los peligros de hacer a nuestros hijos perfeccionistas. Un nuevo año escolar inició en EE.UU. y tendrá un próximo inicio en varios países de América Latina. En el caso del país del norte, muchos padres se aprestan, junto a sus hijos, a conseguir los mejores récords posibles que aseguren las mayores posibilidades ante una posterior aplicación a universidades. Con mayores o menores parecidos en Latinoamérica, un destacado rendimiento en los últimos años de formación escolar, aseguran el ingreso a universidades públicas, pero, sobre todo, el desarrollo de un sentido de responsabilidad y gusto por la excelencia en nuestros hijos.

Ahora bien, cómo diferenciamos los padres entre estimular a nuestros hijos para que sean personas que se esfuercen y sientan gusto por las metas alcanzadas y ser cada vez mejores o por el contrario, les afectamos de tal manera, que hacemos de ellos unos perfeccionistas quienes nunca estarán satisfechos con lo que obtienen y son, porque siempre querrán más.

Los especialistas concuerdan en que las actitudes y características de personalidad de los padres, juegan un papel muy importante. Desde la explícita solicitud de altas calificaciones o el obtener siempre premios académicos, hasta las propias exigencias que los padres se hacen en su vida personal o profesional, son observadas por nuestros hijos quienes, en su natural deseo de ser aceptados y valorados, buscan imitar los comportamientos de sus padres o cumplir sus expectativas.

Este tipo de requerimientos desarrolla en nuestros hijos la idea de que ellos no serán amados, valorados o apoyados, a menos que respondan completamente a los que ellos consideran, son los estándares de sus padres. El perfeccionismo exigido a nuestros hijos los hace vulnerables al posible padecimiento de diversos problemas mentales como ansiedad, depresión, trastornos alimenticios y hasta ideaciones suicidas. Los especialistas explican que esto es debido a que lleva a una sobreactivación del sistema nervioso simpático, pudiendo padecer de agotamiento extremo.

Comportamientos como exigir a nuestros hijos ser los mejores, traer en sus boletines la máxima calificación en todas las asignaturas, preguntarles por las notas que sacaron en el examen y no ver cómo se están preparando o cómo enfrentan los retos cognoscitivos que los estudios les plantean, son tendencias que apuntan al perfeccionismo. Del mismo modo, ser intolerantes con nosotros mismos ante nuestras fallas, no disfrutar nuestros logros por estar pensando en el siguiente, querer demostrar ante otros que somos los mejores, es la manera en que nosotros como padres, reflejamos perfeccionismo.

La recomendación para los padres es estimular a sus hijos a que desarrollen adecuados hábitos de estudio, no centrándose únicamente en los resultados. Es importante observar cómo las tareas son realizadas. Recordarles a nuestros hijos que los exámenes son una evaluación de su conocimiento en un área en particular y que no es determinante de su futuro y mucho menos, de la valoración que puedan tener de ellos maestros ni los padres mismos.

Es importante eliminar la externalidad de las calificaciones como trofeo que indica que “somos buenos o más valiosos”. Nuestros hijos son seres complejos y compuestos, con muchísimas más cualidades en la que soportar su personalidad. Su rendimiento académico es sólo una fase de su vida, no la única.

 

 

 

 

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Autor

Cristina Paz

Nacida en Maracaibo, Venezuela, actualmente resido en Florida. Psicóloga, Magister en Psicología Clínica, Doctora en Ciencias Humanas con acreditación de Actividades Postdoctorales en Ciencias Humanas. Profesora Titular- Jubilada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Zulia, Venezuela. Formada y facilitadora en terapia familiar sistémica, metodología de la investigación y psicología positiva. Investigadora en materia de familia y violencia familiar, desde 1999. Terapeuta familiar y asesora de procesos educativos. Ponente en eventos científicos, con artículos publicados en revistas indexadas. Mi lema: La determinación, el coraje y el amor, son los principales aliados en la consecución de nuestras metas.