¿Cómo fortalecer el optimismo en la familia?

¿Cómo fortalecer el optimismo en la familia?

“Tu sí puedes, seguro que lo harás bien”, “hoy no lo conseguiste, pero mañana sí”, “si sigues así de motivada, tendrás lo que te propones”. Estas son expresiones en esencia optimistas. El optimismo es una emoción positiva con respecto al futuro, según Seligman (2003). Trata de la tendencia que poseen las personas de entender y analizar la realidad desde su aspecto más favorable.

 

Muchos escépticos opinan que el optimismo es una especie de juego o engaño mental, donde de manera automática o sin fundamento, decimos que todo irá bien. Sin embargo, esta idea es muy opuesta al proceso psicológico que soporta la experiencia de optimista. Seligman (2003) plantea que ante una “Adversidad” o lo que normalmente evaluamos como problema, emergen automáticamente “Creencias o Ideas” previas, que normalmente son desfavorables. Les siguen las “Consecuencias” habituales que generan esas creencias previas; pero contamos con la acción del “Rebatimiento” de la creencia rutinaria y la “Revitalización” que se produce en nosotros cuando se refuta con éxito. Son las personas que logran contradecir con éxito las ideas previas asociadas con la adversidad, las que cambian su respuesta de rendición y abatimiento por energía y buen humor.

En este sentido, observamos entonces que existe un proceso a través del cual podemos practicar y desarrollar el optimismo en nuestra vida y en nuestra familia, tal como lo podemos hacer con cualquier emoción positiva. Es decir, podemos estimular el optimismo tanto en nosotros mismos como en nuestros hijos.

Probablemente, existen familias o personas dentro de la misma, con una tendencia natural hacia esta práctica o, por el contrario, con una tendencia a sentirse derrotados, desesperanzados y pesimistas. Pues bien, tenemos en nuestras manos la manera de mejorarlo o cambiarlo. ¿Oportunidades? Dentro de la vida familiar son muchas: las enfermedades de nuestros hijos, rendimiento académico no acorde a lo esperado, momentos difíciles con nuestra pareja, alguna dificultad en el trabajo, etc.

En el caso de nuestros hijos, es importante que cuando una situación difícil se presenta, por ejemplo, con su rendimiento en algún deporte o con alguna asignatura (adversidad) probablemente ellos expresen que no pueden, que son un fracaso, que cualquiera lo hace mejor que él o ella (creencia previa); por supuesto, bajo esta idea, probablemente no quiera regresar a la práctica, o no ponga mucho empeño en la asignatura ya que se considera poco capaz (consecuencia). Es en este momento cuando los padres deben entrar en acción para enseñar a los hijos maneras o pensamientos para contrarrestar dichas creencias (rebatimiento), como por ejemplo recordar habilidades anteriores, logros previos, características específicas que le hacen una persona con habilidades para esa actividad. Al hacerse este rebatimiento con sinceridad y siendo precisos y certeros en los elementos para rebatir, con seguridad conseguiremos el cambio de idea o el deseo de nuestro hijo de probar nuevamente (revitalización).

Contamos con los momentos tempranos en la vida de nuestros hijos para estimular la existencia de pensamientos positivos hacia el futuro, ganándole espacio a las creencias o ideas descalificantes. El modo es apoyando y haciendo notar las habilidades o características que se destacan en cada logro, así como en sus primeros intentos de hacer cualquier cosa. Dar confianza a nuestros hijos sobre sus habilidades y potencialidades a través del elogio, pero también la indicación clara de cómo llegaron a él, les permite estar conscientes de sus recursos y con ellos, sentirse confiados y por ende optimistas ante algún reto que se les presente o saber que cuentan con herramientas para enfrentar sus circunstancias.

Probablemente como dije antes, éste ya sea un mecanismo que practicamos en nuestra familia; de ser así, chequeamos y reforzamos nuestra práctica. Sin embargo, si no lo hemos hecho o no solemos practicarlo, hagamos el ejercicio. Démosle la oportunidad al optimismo, de ser parte de la experiencia emocional en nuestra familia.

 

 

 

Autor

Cristina Paz

Nacida en Maracaibo, Venezuela, actualmente resido en Florida. Psicóloga, Magister en Psicología Clínica, Doctora en Ciencias Humanas con acreditación de Actividades Postdoctorales en Ciencias Humanas. Profesora Titular- Jubilada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Zulia, Venezuela. Formada y facilitadora en terapia familiar sistémica, metodología de la investigación y psicología positiva. Investigadora en materia de familia y violencia familiar, desde 1999. Terapeuta familiar y asesora de procesos educativos. Ponente en eventos científicos, con artículos publicados en revistas indexadas. Mi lema: La determinación, el coraje y el amor, son los principales aliados en la consecución de nuestras metas.

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